El déficit atencional es la afección neurológica más conocida; en especial por quienes aún tienen niños en edad escolar. Sin embargo, también es una de las más subestimadas y desatendidas, debido a la excesiva tendencia de usarla para justificar cualquier dificultad de aprendizaje.

 

 

Más allá de estos “falsos positivos”, el déficit atencional es un síndrome provocado por una inmadurez en el sistema de neurotransmisores, que se traduce en diversas anomalías clínicas como, por ejemplo, incapacidad para sistematizar tareas o acciones; imposibilidad de ajustarse a normas u horarios e impulsividad excesiva, entre otros síntomas.

 

 

Según explica la doctora Perla David, neuropediatra de Clínica Dávila, académica de la Universidad de Chile y miembro de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia de Chile (SOPNIA), el origen del déficit atencional es mayoritariamente genético, y en su desarrollo están involucrados diversos factores y ambientes perinatales; “es decir, que pueden tener incidencia antes, durante y después del embarazo”.

 

 

“Asimismo –enfatiza la especialista-, afecta en forma más frecuente a la población masculina, con una incidencia de entre 60 a 80% de todos los casos diagnosticados”.

 

 

Tratamiento

 

Una de las principales dificultades para reconocer cuándo un niño sufre déficit atencional, radica en que no hay un marcador bioquímico clínico específico que determine su presencia. “Eso ha generado un debate distorsionado, respecto de si es mito o realidad. Sin embargo, es un cuadro clínico indesmentible y complejo, pero que con el apoyo de neurólogos especialistas, se puede diagnosticar y tratar oportunamente”, enfatiza la doctora David.

 

 

El tratamiento más utilizado es a base de metilfenidato, medicamento que no ha estado exento de polémicas, pero cuya “mala fama” se originó, a juicio de la especialista, “por situaciones comerciales que no tienen relación con el problema de fondo”.

 

 

“Es un mito que los niños se vuelvan adictos al metilfenidato. Al contrario, si sufren de déficit atencional y no son tratados, es altamente probable que sean consumidores de drogas debido a su dificultad para controlar impulsos nerviosos”, destaca.

 

 

La especialista recalca que también es importante establecer una firme red de apoyo familiar, así como realizar evaluaciones constantes y brindar apoyo metodológico permanente, “involucrando a los psicopedagogos y a todo el personal docente dentro del entorno del niño”.

 

 

Esto es fundamental para que los pacientes menores no caigan en abandono escolar o vean reducidas sus perspectivas de ingreso a la educación superior o su futura interacción social.

 

 

“Hemos visto incluso –detalla la doctora-, que los pacientes no tratados en su infancia, fracasan en sus trabajos o en sus relaciones matrimoniales, debido a que en su adultez siguen manifestando una conducta acelerada e impulsiva, interrumpiendo a los demás, o demostrando más interés en competir que en empatizar y convivir”.

 

 

A no confundir

 

El éxito del tratamiento también se basa en no sobre reaccionar y calificar todo como un “potencial déficit atencional”.

 

 

Se deben descartar, por ejemplo, problemas de conducta derivados de una mala adaptación del niño a un nuevo entorno, o a un sistema educacional más exigente; rechazo a un mal sistema pedagógico; disfuncionalidad familiar, originada en alcoholismo, maltrato o violencia.

 

 

Tampoco hay que confundirlo con deficiencias sensoriales; problemas en la retina; afecciones genéticas como el Síndrome de Turner; el “X frágil”; epilepsias específicas; o trastornos del espectro autista, entre otras situaciones que también ocasionan dificultades de aprendizaje.

 

 

“Entre 40 y 50% de los casos potenciales pueden ser provocados por otros trastornos, que incluso también tienen origen genético y neurobiológico, como la dislexia, por ejemplo. Por ello, sólo el neurólogo especialista está realmente capacitado para descartar causas y llegar a un diagnóstico efectivo”, enfatiza la doctora David.

 

 

Prevención y cuidados

 

Los padres y el sistema pedagógico y social también deben tener en cuenta el estímulo excesivo que los niños reciben de parte de factores externos, como por ejemplo, dispositivos electrónicos.

 

 

“Hay estudios de SOPNIA que detectaron que sus colores, movimientos o estímulos luminosos generan una predisposición negativa muy alta hacia la inmadurez neurológica”, detalla la doctora David.

 

 

Ante esto, la especialista recomienda que los padres apliquen medidas muy sencillas, pero que ayudan en la prevención y tratamiento de esta enfermedad:

 

  • Evitar que niños muy pequeños manipulen teléfonos inteligentes, tabletas o notebooks.
  • Reducir las horas de exposición a juegos electrónicos.
  • Establecer una adecuada higiene de sueño, respetando las horas en que se debe dormir.
  • Tener un método de sistematización diaria, para cumplir los deberes escolares.

Te podría interesar

Te podría interesar